movilización de capital

Del ahorro inmóvil a la inversión con impacto: una oportunidad para atraer al inversor minorista

España se encuentra ante un momento decisivo para repensar cómo ahorramos y, sobre todo, cómo invertimos. Durante años, los hogares han demostrado una gran capacidad de ahorro. Sin embargo, una parte muy significativa de ese capital permanece hoy inmovilizada en depósitos y cuentas a la vista con rentabilidades reales muy limitadas, que apenas consiguen batir la inflación estructural.

Desde el Ministerio de Economía y Empresa, se ha hecho una consulta pública previa sobre la creación de una cuenta de ahorro e inversión en España y la implantación de la etiqueta Finance Europe. El objetivo de este proceso, publicado oficialmente en el portal de participación del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, es recabar opiniones de ciudadanos, organizaciones y entidades potencialmente afectadas para orientar el diseño normativo de este nuevo instrumento financiero y su marco de implementación nacional. Esta consulta pública se extenderá hasta el 30 de enero de 2026 e incluye preguntas sobre aspectos como el diseño, los proveedores autorizados, los activos elegibles y la forma de difusión entre la población, así como la adaptación en España del sello Finance Europe que ya se ha consensuado con varios Estados miembros de la Unión Europea.

Movilizar capital hacia soluciones reales

Un dato que ilustra bien la premisa de la que partimos: en España, los depósitos de los hogares en cuentas y depósitos bancarios alcanzaron alrededor de 1,077 billones de euros en noviembre de 2025, según estadísticas del Banco de España. No se trata de un problema de falta de ahorro, sino de una enorme oportunidad de movilización.

En un contexto marcado por la transición ecológica, la transformación digital, los retos sociales y la necesidad de reforzar la resiliencia y competitividad de la economía europea, mantener ese volumen de recursos financieros al margen de la economía real supone un coste de oportunidad difícil de justificar.

Este nuevo instrumento es una oportunidad para transformar una parte de esos 1,07 billones de euros inmovilizados en inversión de impacto. Puede significar canalizar recursos hacia proyectos y empresas que generan valor económico, pero también soluciones reales a desafíos sociales y ambientales: energía limpia, vivienda asequible, innovación, inclusión social, resiliencia territorial o digitalización.

La inversión de impacto permite reconciliar rentabilidad financiera y contribución positiva, alineando el ahorro ciudadano con los grandes retos de nuestro tiempo. Además, refuerza el vínculo entre las personas y la economía real, aumentando la comprensión de cómo sus decisiones financieras influyen en el futuro común.

Un cambio de paradigma

La iniciativa para crear una cuenta de ahorro e inversión en España, alineada con el marco europeo y con la futura etiqueta Finance Europe, llega en un momento clave. No solo busca mejorar la rentabilidad del ahorro de las familias, sino también facilitar el acceso a la inversión a largo plazo, reduciendo barreras de entrada y aumentando la confianza de la ciudadanía.

Desde SpainNAB creemos que este debate va más allá del diseño de un nuevo instrumento financiero. Está en juego qué modelo económico queremos financiar con el ahorro de hoy y cómo logramos que las personas puedan participar de forma sencilla, transparente y consciente en esa construcción colectiva.

Este cambio de paradigma abre además una oportunidad clave de engagement ciudadano. No se trata solo de facilitar el acceso a la inversión o de mejorar la educación financiera en sentido clásico, sino de ofrecer a la ciudadanía una nueva lente de impacto (una especie de impact lens) desde la que comprender cómo su ahorro contribuye a transformar la economía real. Reconocer el impacto generado, hacerlo visible y comprensible, permite pasar del “dónde coloco mi dinero” al “qué cambio estoy impulsando con él”. Esta conexión entre inversión y resultados sociales, ambientales y económicos no solo incrementa el conocimiento, sino que refuerza la implicación, la confianza y el sentido de pertenencia de las personas como agentes activos de cambio.

El momento es ahora

Europa ha señalado claramente el camino: movilizar el ahorro privado hacia una inversión productiva, estratégica y de largo plazo. España tiene la oportunidad de situarse en la vanguardia de este proceso, diseñando un marco que combine simplicidad, protección al inversor y orientación al impacto.

Desde SpainNAB, este posicionamiento ya ha sido trasladado por la vía institucional, a través de nuestra contribución a la consulta pública sobre la cuenta de ahorro e inversión. Ese paso es imprescindible, pero no suficiente.

El reto mayor empieza ahora: atraer, convencer, seducir y, sobre todo, dar seguridad al inversor minorista. Lograr que la ciudadanía dé el paso desde el ahorro inmóvil hacia la inversión requiere confianza, claridad, pedagogía y una propuesta comprensible que conecte rentabilidad, propósito y protección.

Convertir una parte de esos 1,07 billones de euros hoy inmovilizados en inversión de impacto no depende solo del diseño normativo. Depende de nuestra capacidad colectiva para demostrar que invertir puede ser sencillo, transparente y alineado con los valores y prioridades de las personas.

El capital está ahí. Llevamos un interesante recorrido en construir el marco de inversión de impacto. Ahora toca activar la confianza, acompañar al inversor minorista y abrir la puerta a una participación masiva en la financiación de soluciones reales para una economía más resiliente, competitiva, sostenible y justa.