Desayuno Unespa3

El papel del seguro en la movilización de capital hacia la inversión de impacto

El pasado 18 de marzo, celebramos un desayuno entre UNESPA (asociación representativa del sector seguros) y SpainNAB que reunió a representantes del sector asegurador, gestores de activos y actores clave del ecosistema para abordar una cuestión cada vez más central: cómo integrar la inversión de impacto en la toma de decisiones financieras de manera estratégica.

En un contexto marcado por la necesidad de dar respuesta a grandes retos sociales y medioambientales como la transición climática, el envejecimiento poblacional o la desigualdad, el encuentro puso sobre la mesa una idea clara: movilizar capital hacia soluciones no es solo una cuestión de propósito, sino también de gestión eficiente del riesgo y generación de valor a largo plazo.

Impacto y riesgo: dos caras de la misma decisión de inversión

Uno de los mensajes más relevantes fue la evolución del enfoque inversor. Tradicionalmente, la sostenibilidad se ha abordado desde la óptica de mitigación de riesgos ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza), pero el debate está avanzando hacia una lógica más ambiciosa: invertir activamente en soluciones que generen impacto positivo.

Este cambio implica entender que los retos sociales y medioambientales no son externos a las carteras, sino factores que afectan directamente a su desempeño. Invertir en soluciones en sectores como energía limpia, salud, inclusión o economía circular, no solo contribuye al bienestar colectivo, sino que también puede reducir riesgos sistémicos y mejorar la resiliencia de los fondos.

En este sentido, los tres pilares fundamentales de la inversión de impacto (intencionalidad, adicionalidad y medición) permiten orientar el capital hacia resultados tangibles y medibles.

De la teoría a la práctica: integrar el impacto en el proceso inversor

Desde la perspectiva de los gestores, se puso de relieve que el impacto no debe entenderse como una capa adicional, sino como un eje estructural del proceso de inversión. En esta línea, la visión compartida por Suma Capital refleja cómo la intencionalidad (invertir en soluciones a retos sistémicos como el cambio climático o la economía circular) se traduce en una integración completa del impacto en todas las fases: desde el análisis y la toma de decisión hasta la gestión activa y la desinversión.

Este enfoque implica no solo identificar oportunidades alineadas con grandes tendencias estructurales, sino también establecer métricas claras, sistemas de seguimiento y mecanismos de gobernanza que aseguren la generación de impacto real. Un elemento diferencial es la alineación de incentivos, incorporando objetivos de impacto en la remuneración y reforzando así la convergencia entre resultados financieros y resultados sociales y medioambientales.

Por su parte, desde la óptica del inversor institucional, VidaCaixa puso el foco en el reto de trasladar esta lógica a carteras diversificadas. Esto pasa, en primer lugar, por definir de forma explícita el objetivo de impacto dentro de la estrategia de inversión y, en segundo lugar, por desarrollar metodologías que permitan medir de forma homogénea tanto el impacto ambiental como el social.

En conjunto, ambas visiones reflejan un avance claro: desde enfoques centrados en riesgos hacia modelos en los que el impacto se gestiona de forma intencional, medible e integrada en la toma de decisiones.

Escalar el impacto: el papel de los inversores institucionales

Una de las grandes conclusiones del encuentro fue que el verdadero desafío ya no es conceptual, sino de escala. Para que la inversión de impacto contribuya de manera significativa a abordar los grandes retos globales, es necesario movilizar volúmenes de capital mucho mayores, especialmente desde inversores institucionales.

En este punto, la experiencia compartida evidenció dos realidades complementarias. Por un lado, desde la gestión se demostró que ya existen estrategias maduras capaces de canalizar capital hacia soluciones con impacto medible. Por otro, desde el lado asegurador se subrayó que la incorporación del impacto en grandes carteras aún se encuentra en una fase de desarrollo, condicionada por la necesidad de herramientas, métricas y marcos que faciliten su integración.

Esta combinación pone de manifiesto que el reto no es tanto la falta de oportunidades, sino la necesidad de construir puentes entre oferta y demanda de capital. La tendencia, es, por tanto, clara.

En este contexto, cobra especial relevancia el desarrollo de soluciones que permitan integrar el impacto sin alterar de forma radical la estructura de las carteras, facilitando así una transición progresiva pero efectiva hacia modelos de inversión más alineados con los grandes desafíos sociales y medioambientales.

Fondos 90/10: una vía pragmática para movilizar capital de impacto

En línea con su estrategia de promover la inversión de impacto a escala, SpainNAB está desarrollando un estudio en coordinación con otros national partners de GSG Impact a nivel europeo sobre los modelos 90/10. Este enfoque propone destinar hasta un 10% de las carteras de grandes inversores institucionales a inversiones de impacto, independientemente de la estrategia de inversión del 90% restante. El objetivo es facilitar una transición práctica, donde el capital pueda empezar a generar impacto sin comprometer la estructura general de la cartera.

El modelo 90/10 tiene precedentes consolidados en Europa. En Francia, los llamados solidarity pockets en productos de ahorro han canalizado más de 15.000 millones de euros hacia activos con impacto social, según datos de Finansol/FAIR. Este ejemplo demuestra que es posible movilizar capital de manera significativa mediante estructuras sencillas, respetando los marcos fiduciarios y generando resultados tangibles en la sociedad.

El estudio, que se presentará en el segundo semestre de 2026, pretende visibilizar cómo este tipo de estructuras puede permitir a los inversores institucionales, principalmente, de seguros y fondos de pensiones, dar un paso medido hacia la inversión de impacto, alineando propósito, rentabilidad y gestión de riesgos, así como analizar si nuestro marco jurídico actual las facilita y/o cómo podría mejorarse para fomentar o facilitar la máxima movilización de capital.