El pasado jueves 5 de febrero, se presentó en Madrid el estudio de Talento para el Futuro«Generación Impacto II: empleo, emprendimiento y participación en la economía social en España«.
El estudio recoge los resultados de una encuesta dirigida a población joven, basada en una muestra total de 1.001 personas, así como un cuestionario cualitativo a organizaciones representativas organizaciones del ecosistema incluyendo sector público, financiadores (donde SpainNAB también participó) y agentes formativos.
Como conclusión general del estudio de percepciones el interés de la juventud por la economía social y el emprendimiento con impacto no es el problema: el estudio muestra interés y alineación con el propósito, pero reservan el espacio de participación en la economía social a actividades de voluntariado. Este estudio nos dice que la juventud no pide épica: pide condiciones. Sin embargo, aquí cabe destacar un sesgo detectado que es la asimilación entre economía social y tercer sector u ONGs que reflejan, de nuevo (como ya se destacó en la primera edición de este estudio), cierto desconocimiento sobre qué es exactamente la economía social y, por otro lado, lleva a tomar las conclusiones sobre la existencia de un mayor riesgo (a nivel de precariedad salarial, trayectoria profesional, etc.) con cautela, puesto que, como se puso de manifiesto en la mesa de debate, no es necesariamente la realidad de funcionamiento de las entidades de la economía social en su conjunto.
Sin embargo, como percepción es válida y da un punto de partida sobre el que trabajar: desde luego, una mayor pedagogía sobre la existencia y funcionamiento del sector las diferentes formas jurídicas que engloba es un reto identificado sobre todo en algunos territorios con menos tradición y referentes de la economía social.
Lo interesante de esto es la necesidad de que el sector de la economía social pueda reivindicarse como opción profesional sin una necesidad de exigencia de «compromiso individual», algo que requiere una reflexión sobre la responsabilidad colectiva, desde la economía social, pero, también, desde el resto de estructuras que deben reconocer su valor social, apoyarlo y dotarlo de medios.
En este sentido, por la parte que vincula el debate a la financiación, el punto de encuentro en el impacto puede ser una gran oportunidad para dar seguridad, escala y recorrido a los proyectos de la economía social a través de la financiación de impacto y que redunden en la visibilización y sostenibilidad del modelo.
Economía de «los matices»
En la mesa de debate, moderada por Mireya Diouri y formada por Sara Simón (Asett), César Valdeviera (Youth Business Spain-YBS) y María Molina (SpainNAB), se encontraron dos lenguajes y enfoques que comparten elementos de conexión y que, en algún momento tras revisar conceptos como economía social, economía de impacto, sector social…, nos llevaron a hablar de «los matices». Estos, no obstante son relevantes y, en el camino de construir nexos de unión complementarios, pero también poder abundar en esa necesidad de visibilizar las diferentes opciones y modelos, merecen ser destacados.
Por un lado, la economía social está regulada y encuentra formas jurídicas diferentes (asociaciones, fundaciones, empresas de inserción, mutualidades, sociedades laborales y centros especiales de empleo, entre otras). La economía de impacto, sin embargo, es un concepto «en construcción», pero sobre el que ya, actores como SpainNAB, venimos generando cierto consenso y que acepta todas las formas jurídicas de la economía social, pero también las empresas sociales con formas jurídicas mercantiles como Sociedades Limitadas (SL) o las Sociedades de Beneficio e Interés Común (SBIC).
En lo que respecta al valor social de la economía social, no hay duda: son entidades cuyos principios (primacía de las personas y el fin social, gestión democrática y participativa, solidaridad e igualdad, reinversión de beneficios, independencia de los poderes públicos y compromiso con el entorno), determinantes de la gobernanza y soberanía sobre la gestión de la actividad que desarrollan, está alineado con un modelo de economía más justo. Sin embargo, la economía social responde a cómo se organizan las entidades y, desde el impacto, el foco está puesto en la actividad que desarrollan y en si esta responde o contribuye a una solución a un reto social o medioambiental, no lo determina su forma jurídica. Cabría decir, así, que impacto y figura legal no son lo mismo.
La forma legal, por decirlo de otra manera, no hace al impacto; sin embargo, hay una gran parte de las entidades de la economía social que, además del valor social que aportan por su propia naturaleza organizativa y de gobernanza, desarrollan una actividad alineada con el impacto en sus tres ejes característicos que son la intencionalidad, la adicionalidad y la medición y gestión del impacto.
Economía social y economía de impacto no son contrarias, competitivas o excluyentes, sino más bien al contrario: el hecho de que los objetivos de impacto puedan alinearse con cualquier forma jurídica permite atraer a actores de todo tipo y enriquecer, desde la diversidad, las posibilidades en las que emprender, desarrollar una carrera profesional o invertir contribuyendo a una sociedad más justa con las personas y el planeta.

La necesidad de acompañamiento
Más allá de las percepciones reflejadas en el estudio el punto de encuentro necesario obliga, como se ha dicho anteriormente, a una reflexión compartida que acompañe las decisiones vitales y organizacionales de jóvenes y no tan jóvenes a la hora de emprender o decidir su futuro profesional.
Desde YBS, constatan esa necesidad de acompañamiento que encuentran entre quienes se acercan a ellos y en su dedicación del día a día, aportando, además, herramientas para dotar de sentido tanto a la forma jurídica que mejor se adecue al propósito y encontrando en la economía social y el emprendimiento colectivo opciones que materializan mejor el propósito y el impacto que buscan los proyectos.
También desde SpainNAB, reivindicamos que el capital de impacto se constituye o materializa a menudo en una asistencia técnica donde, de nuevo, el punto de encuentro es la dotación de recursos para el sostenimiento económico de modelos y soluciones de impacto positivo.
Desde SpainNAB creemos que la financiación de impacto, bien diseñada, puede ser el puente entre el propósito que inspira y la viabilidad que permite quedarse y desarrollarse, también, en la economía social.




