Esta semana hemos estado presentes en EnisaDay 2026, un encuentro que ha reunido en Madrid a buena parte del ecosistema emprendedor, institucional e inversor con un objetivo claro: poner en común aprendizajes, reforzar conexiones y seguir impulsando la innovación en España.
El evento, celebrado en Matadero Madrid, nace precisamente con esa vocación de convertirse en un espacio de encuentro donde startups, inversores y sector público puedan compartir experiencias y generar nuevas oportunidades de colaboración. A lo largo de la jornada, el programa recorrió distintas etapas del ciclo empresarial reflejando la diversidad y madurez de un ecosistema cada vez más estructurado.

Un ecosistema que se construye en colectivo
También hubo espacio para tomar perspectiva y poner en valor el papel que ha jugado ENISA en el desarrollo del emprendimiento en España. En sus 45 años de trayectoria, la entidad ha movilizado más de 1.500 millones de euros para financiar a más de 8.450 empresas innovadoras, contribuyendo de forma decisiva a la creación de tejido productivo y empleo cualificado.
Más allá de la cifra, el mensaje de fondo es relevante: el emprendimiento no ocurre en el vacío. Necesita un entorno, instrumentos adecuados y, sobre todo, una combinación de esfuerzos. Durante la jornada estuvo muy presente esa visión del llamado “Estado emprendedor”, donde lo público no solo acompaña, sino que facilita, impulsa y comparte riesgo con el sector privado.
En este contexto, el papel de ENISA resulta especialmente relevante no solo por su capacidad de financiar, sino también por su contribución a orientar el mercado hacia áreas estratégicas, entre ellas aquellas vinculadas al impacto social. Y es precisamente ahí donde se encuentra un nexo natural con la misión de SpainNAB: impulsar un ecosistema en el que la inversión y la innovación estén alineadas con la generación de soluciones de impacto positivo.
Ambas instituciones, desde roles distintos pero complementarios, contribuyen a una misma visión: fortalecer un modelo de crecimiento donde el capital no solo busca retorno financiero, sino también soluciones a retos sociales y ambientales. En este sentido, el fomento de la innovación emprendedora en impacto no es un nicho, sino una de las palancas clave para la transformación del tejido productivo.

Innovar con propósito (y con paciencia)
Uno de los momentos más interesantes giró en torno a la conversación sobre innovar con propósito, donde se puso el foco en iniciativas en las que el impacto es central. Aquí se planteó una idea clave: no todo el proceso de innovación puede ni debe medirse únicamente en cifras.
Se compartieron ejemplos de proyectos con un fuerte componente científico y sanitario, como soluciones de detección temprana de enfermedades mediante análisis avanzados. Iniciativas que llevan años de desarrollo, que han requerido combinar financiación pública, inversión privada paciente y acuerdos estratégicos, y que, en muchos casos, no generarán ingresos hasta bien entrada la próxima década.
Este tipo de proyectos evidencian uno de los grandes retos del ecosistema: la dificultad para financiar la innovación profunda cuando los plazos son largos y la complejidad técnica elevada. Pero también ponen de relieve algo igual de importante: el enorme potencial transformador de la innovación cuando está orientada al propósito.
En este sentido, el impulso a este tipo de emprendimiento más ligado a impacto, ciencia y tecnología requiere no solo financiación, sino también marcos que entiendan y acompañen estos tiempos largos. Aquí, de nuevo, la colaboración entre lo público, lo privado y redes como SpainNAB resulta clave para consolidar una visión compartida y generar las condiciones adecuadas.
Al final, lo que dejó EnisaDay fue una sensación clara: la innovación en España está avanzando hacia una etapa más madura, en la que ya no se trata solo de emprender más, sino de emprender mejor. Y eso implica integrar propósito, impacto y colaboración como elementos estructurales del ecosistema.




