Foro NESI

Construir impacto (y consensos) en un contexto complejo

El NESI Forum 2026, impulsado por nuestra entidad asociada NESI, ha vuelto a situarse como un espacio de referencia para repensar el papel de la economía, la empresa y la sociedad ante los grandes retos actuales.

En un contexto de creciente complejidad, algunas de las ideas compartidas invitan a detenernos en una pregunta clave: ¿cómo tomamos decisiones colectivas cuando el contexto exige rapidez, pero también legitimidad?

La aportación de Fernando Valladares: del riesgo de colapso al potencial del consenso

La intervención de Fernando Valladares situó el debate en un punto de partida tan incómodo como necesario. Recuperando la idea de Séneca sobre la tendencia de las civilizaciones hacia el abismo, describió el momento actual como una doble singularidad histórica: nunca habíamos estado tan cerca de un posible colapso, pero tampoco habíamos tenido tanta capacidad para evitarlo.

El problema no es tanto la falta de soluciones como el contexto en el que debemos adoptarlas. La polarización creciente, el deterioro democrático y la tentación de respuestas simplificadoras (desde autocracias hasta modelos de corte tecno-fascista) dificultan avanzar en decisiones sostenibles en el tiempo. En este escenario, Valladares planteó una idea clave: la diversidad de pensamiento no es una debilidad, sino nuestra mayor fortaleza adaptativa.

Sin embargo, esa diversidad solo genera valor si sabemos canalizarla. El modelo dominante de toma de decisiones basado en mayorías resulta insuficiente en contextos complejos y urgentes. Las prisas conducen a votaciones rápidas que dejan tras de sí minorías desconectadas, cuando no abiertamente resentidas, lo que reduce el compromiso y debilita la implementación.

Frente a ello, propuso recuperar el consenso como herramienta práctica. No como unanimidad ni como proceso lento, sino como una arquitectura que permite integrar el disenso y convertirlo en soluciones más robustas. Cuando funciona, el consenso libera potencial colectivo, ahorra energía organizativa, mejora la calidad de las decisiones y genera mayor resiliencia.

Lejos de la caricatura de la “tortura asamblearia”, el consenso puede operar como una maquinaria creativa, siempre que incorpore reglas claras: espacio para la discrepancia, compromiso con la decisión final e integración activa de los desacuerdos.

Este enfoque tiene implicaciones directas en distintos ámbitos. En el activismo, exige superar las mayorías silenciosas mediante un pragmatismo radical. En la empresa, obliga a repensar el liderazgo, entendiendo que el consenso no es igual de útil en todos los niveles, pero sí clave en la ejecución. Y en la ciencia, invita a abandonar modelos centrados en el ego para avanzar hacia paradigmas de colaboración y consensos transparentes.

En último término, la propuesta de Valladares apunta a resolver una de las tensiones centrales de nuestro tiempo: cómo equilibrar la velocidad operativa con la equidad democrática, sin sacrificar ni eficacia ni legitimidad.

Auctoritas, potestas y el manifiesto: reconstruir legitimidad desde el proceso

Más allá de intervenciones concretas, el foro dejó una reflexión de fondo compartida: la creciente pérdida de auctoritas (legitimidad) y de potestas (capacidad efectiva de acción) en nuestras instituciones.

Se consolida así una paradoja cada vez más visible. Por un lado, estructuras con poder formal, pero con una credibilidad debilitada. Por otro, actores sociales con legitimidad creciente, pero sin capacidad suficiente para influir de manera estructural. Esta desconexión erosiona la confianza, dificulta los acuerdos y alimenta la polarización.

En este contexto, el manifiesto presentado durante el NESI Forum cobra especial relevancia. Más que un conjunto cerrado de propuestas, funciona como una llamada a reequilibrar el sistema, poniendo en el centro el propósito, la participación y la responsabilidad compartida.

La clave no está solo en redefinir qué hacemos, sino en transformar cómo decidimos. Reforzar la transparencia, integrar la diversidad de perspectivas y generar espacios de participación reales se convierte así en condición necesaria para recuperar tanto la legitimidad como la capacidad de acción.

Desde esta perspectiva, el consenso deja de ser una opción metodológica para convertirse en un elemento estructural: una vía para reconstruir auctoritas a través del proceso, y para alinear de nuevo legitimidad y eficacia en la toma de decisiones.

Miradas complementarias para transformar el sistema desde la práctica

Las sesiones paralelas de ambas jornadas aportaron una visión especialmente valiosa al trasladar estos debates al terreno práctico. Desde distintos ámbitos (vivienda, entorno local, ética y buen gobierno, ciudadanía, empresa…) emergió una idea compartida: la transformación hacia una economía más justa y sostenible ya está en marcha, pero sigue fragmentada y necesita mayor conexión entre actores. No obstante, en círculos más pequeños sobrevolaba el temor de que, en estos espacios generados ad hoc, el sesgo de interés y conocimiento entre los asistentes es determinante y quizá alejado de las posibilidades reales con las cartas del tablero de juego real.

No obstante, el debate fue rico y, en los distintos espacios, surgieron interesantes intercambios sobre barreras, incentivos, alineación de intereses y coordinación entre actores que pueden ser claves para la transformación. En este sentido muchas de las conversaciones y, en concreto en el marco de vivienda, Gema Gallardo (Provivienda) y Manel Rodríguez (Grupo Salas), subrayaron la necesidad de escalar soluciones que ya funcionan, evitando la duplicación de esfuerzos y favoreciendo dinámicas de colaboración más efectivas.

También fue recurrente la necesidad de avanzar en marcos comunes: lenguajes compartidos sobre impacto, métricas comparables y espacios de encuentro que permitan construir confianza entre inversores, empresas, administraciones y sociedad civil. Sin estos elementos, el riesgo es avanzar de forma desigual y perder capacidad de transformación sistémica.

En línea con lo planteado por Valladares, varias sesiones apuntaron implícitamente a la misma conclusión: no basta con innovar en soluciones, es imprescindible innovar en las formas de decidir, colaborar y liderar. Solo así será posible pasar de iniciativas aisladas a cambios estructurales con impacto real.