Los días 10, 11 y 12 de noviembre, se celebró en Salamanca el 2º Congreso de Economía Social de Castilla y León organizado por ASECYL (Asociación de Entidades Representativas de la Economía Social de Castilla y León), bajo el lema SOMOS INTELIGENCIA NO ARTIFICIAL. SOMOS ECONOMÍA SOCIAL CYL.
SpainNAB participó en uno de los espacios de conversación bajo el título diálogos disonantes que demostraron una de esas ironías que solo se revelan cuando nos sentamos a hablar: aquello que parecía distancia, en realidad, es, sobre todo, una cuestión de percepción. La supuesta brecha entre la economía social y la economía de impacto se desdibujó en cuanto la conversación aterrizó en lo esencial: los retos sociales y medioambientales que ambas buscan resolver.
En este espacio participó María Molina, directora de Alianzas y Ecosistema de Impacto en SpainNAB, acompañada por Daniel Clavero en representación de la Fundación Personas y Grupo Lince, referente históricos de la economía social de la región. El intercambio arrancó desde dos realidades distintas, pero terminó poniendo de manifiesto una claridad compartida: cuando el objetivo es transformar vidas y comunidades, hablamos el mismo idioma.
El impacto se mide o se vive
Daniel Clavero, Director General del Centro Especial de Empleo de Iniciativa Social Grupo LINCE abrió el diálogo situando el impacto que generan las entidades de la economía social en tres niveles inseparables:
- Personal, con la calidad de vida de las personas y de las plantillas.
- Organizativo, con estructuras, equipamientos y servicios que sostienen la misión.
- Comunitario, donde ya existen estudios que demuestran el retorno social de la inversión.
Esta mirada permitió entender la complejidad, pero también la urgencia, de medir lo que verdaderamente importa. Y ahí entró María Molina con una reflexión que resonó en toda la sala: “el impacto se mide, sí, pero para poder vivirlo mejor”. La medición no es un fin técnico: es una forma de reforzar la intencionalidad y, desde el punto de vista de la financiación de impacto, la forma de acceder y atraer el capital y recursos financieros necesarios.
Financiación pública, privada… ¿Quién financia el bien común?
El debate avanzó hacia uno de los puntos donde más “disonancia” cabría esperar: la financiación.
Desde la economía social se expuso un escenario conocido: financiación pública vital pero históricamente insuficiente, vías privadas tradicionales igualmente insuficientes… Y la inquietud legítima ante la entrada de capital privado: ¿bajo qué fórmulas?, ¿con qué poder de decisión?, ¿a costa de qué identidad?
Desde SpainNAB se introdujo, entonces, un marco que busca ampliar la mirada: la pregunta central no es “público o privado”, sino cómo combinamos ambos para garantizar que los proyectos que transforman realidades puedan sostenerse y crecer, sin renunciar a su misión ni a su lógica comunitaria.
En este punto emergió una idea clave: la innovación financiera que aporta la inversión de impacto debe estar al servicio de quienes ya están generando transformaciones reales. Y, en España, pocos actores encarnan esa trayectoria como la economía social. Si bien, como después también señalaría en su excelente intervención el profesor Enrique Cabero, presidente del Consejo Económico y Social de Castilla y León, el emprendimiento social, las empresas sociales y las, demasiado poco conocidas, Sociedades de Beneficio e Interés Común (SBIC) son actores que también vuelcan sus esfuerzos al mismo fin.

Gobernanza: proteger la misión mientras se abre la puerta a nuevos recursos
El tercer eje del diálogo, sobre la gobernanza, volvió a demostrar que las distancias se achican cuando se habla desde la práctica. La gobernanza es, para las entidades de la economía social, mucho más que una estructura interna: es el mecanismo que garantiza que la misión prevalezca por encima de cualquier otro interés. Su modelo democrático, participativo y orientado al bien común no solo define cómo se toman decisiones, sino también cómo se protege la identidad de las organizaciones frente a presiones externas. Por eso, cualquier debate sobre financiación o apertura a nuevos actores tiene que partir de aquí.
Pero, entonces, hablando de inversión, ¿qué ocurre con la esencia de la misión de estas entidades si entra financiación privada en estructuras cuyo marco jurídico no permite repartir beneficios? ¿Puede la inversión externa comprometer la lógica democrática y la primacía del beneficio social?
Desde la mirada de SpainNAB, la clave no está en elegir entre abrir o no la puerta al capital, sino en cómo diseñamos instrumentos que permitan que ese capital flexible, paciente y alineado con impacto, pueda acceder a proyectos con alta capacidad transformadora sin poner en riesgo su misión y su esencia, lo que pasa por el respeto a su propia gobernanza. Se trata de articular una innovación financiera y regulatoria que respete la esencia y particularidades de cada organización, y que garantice que cualquier inversión sume al propósito y nunca lo condicione.




