¿Está preparada la provincia donde vivimos para afrontar los retos del futuro? Esta es la pregunta que articula el II Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto, presentado el pasado 17 de junio en Madrid por Impact Hub Madrid e Impact Hub Donostia. Una herramienta que propone cambiar la forma en la que entendemos el desarrollo territorial: pasar de la competitividad a la salud ecosistémica.
El índice analiza las 50 provincias españolas a partir de más de 120 indicadores organizados en tres dimensiones interdependientes: la salud ecológica, social y económico-emprendedora. Pero su valor no reside en ordenar territorios, sino en ofrecer una nueva lectura: los ecosistemas más sólidos son aquellos capaces de generar conexiones, sostener relaciones de confianza y adaptarse a contextos complejos.
En este contexto, participó Mercedes Valcárcel, directora general de SpainNAB, aportando la visión de la inversión de impacto como motor clave para activar transformaciones profundas en los territorios.

Una transformación que exige conectar actores y replantear el sistema
Uno de los mensajes más claros de la jornada fue que los modelos tradicionales de innovación, caracterizados por ser lineales y centrados únicamente en el crecimiento económico, han alcanzado sus límites. Los retos actuales, como la transición climática, la desigualdad o la transformación demográfica, requieren respuestas diferentes y, sobre todo, respuestas colectivas.
El índice pone de manifiesto que el tamaño económico no garantiza un ecosistema saludable. Lo que realmente marca la diferencia es la calidad de las relaciones, la diversidad de actores y la capacidad de colaborar. De hecho, territorios medianos o menos poblados destacan por delante de otros con mayor peso económico precisamente por su mayor cohesión y conectividad.
Durante su intervención, Mercedes Valcárcel insistió en que el tejido empresarial es un actor fundamental, pero solo puede generar impacto real si opera dentro de un ecosistema bien articulado. En esa línea, destacó las treas características clave de los modelos de impacto: intencionalidad (orientación clara a resolver retos sociales y ambientales), medición y gestión del impacto (capacidad de evaluar resultados y reconducir la actividad para generar transformación real) y adicionalidad (generar un valor que no se produciría de otro modo).
Uno de los principales desafíos desde el punto de vista económico-financiero es la adaptación de los instrumentos financieros a la realidad del territorio. Muchas iniciativas con impacto nacen en escalas pequeñas o en contextos complejos, lo que requiere combinar financiación pública, privada y filantrópica, así como reforzar la preparación de los proyectos para ser financiables.
A ello se suma una barrera menos visible, pero igualmente relevante: el lenguaje. La desconexión entre los diferentes actores, empresas, administraciones, inversores o entidades sociales, dificulta la colaboración. Por eso, la creación de espacios de encuentro y confianza se vuelve esencial para activar procesos de transformación reales.

De la medición a la acción: activar territorios con futuro
La visión que plantea el índice, que entiende los territorios como sistemas vivos en los que lo social, lo económico y lo ecológico están profundamente interconectados, conecta directamente con el trabajo que SpainNAB impulsa junto a Impact Hub y la Asociación Española de Fundaciones a través del proyecto “Territorios con futuro”.
Este proyecto tiene como objetivo identificar, en colaboración con los actores locales, las palancas necesarias para activar cambios sistémicos en cada territorio. No se trata solo de apoyar proyectos individuales, sino de comprender el ecosistema en su conjunto: sus capacidades, sus brechas y sus oportunidades.
La experiencia ya iniciada en Almería, junto a la Fundación Almería Tierra Abierta, demuestra que cuando se trabaja desde el territorio y con sus actores, es posible generar dinámicas de transformación más profundas, coherentes y sostenibles en el tiempo.
En definitiva, el futuro del emprendimiento y de la innovación pasa por entender mejor los territorios, fortalecer sus conexiones y activar su capacidad de evolución. Porque, más allá de los datos, la clave está en construir ecosistemas donde la colaboración, la confianza y la visión compartida permitan dar respuesta a los retos de nuestro tiempo.




