FOMO

Un mayo intenso para el impacto entre escenarios y bambalinas

Editorial. Junio 2026

A punto de entrar en la recta de final de curso: intensidad, agendas apretadas, la sensación de que todo pasa a la vez y, al mismo tiempo, la certeza de que lo importante no siempre es lo más visible. En el ecosistema de la economía de impacto ha sido uno de esos meses en los que el calendario se llena de citas estimulantes mientras, «entre bambalinas», se avanza en decisiones estratégicas que marcarán el rumbo de los próximos años.

Porque sí, ha habido encuentros por todas partes. Foros, mesas redondas, presentaciones, conversaciones informales, desayunos de trabajo, talleres… Espacios habituales y no tanto donde el lenguaje común sigue consolidándose: medición, adicionalidad, verificación, colaboración público-privada, blended finance. Pero, si algo define lo mejor de estos encuentros son las personas. Y es que este ecosistema se sostiene, crece y se transforma gracias a quienes lo habitan.

Durante este mes hemos vuelto a encontrarnos, a veces de forma casi coreografiada, con muchas de las caras conocidas que llevan tiempo empujando este movimiento. Ese punto de complicidad, de conversación que continúa donde se quedó la última vez, es uno de los grandes activos del sector. Y, al mismo tiempo, aparece con honestidad un pequeño “necesita mejorar”: abrir aún más el círculo, atraer nuevas voces, incorporar miradas distintas que amplíen el alcance, la ambición y el volumen del impacto.

Y junto a los encuentros esperados, están también los inesperados. Esos cruces “de carambola” en un café entre sesiones, en un pasillo o en un tren de vuelta, donde «alguien conecta con alguien que conoce a alguien»… y, de repente, el ecosistema se revela como una red viva, interdependiente, sorprendentemente cercana. Ahí es donde muchas veces empiezan las mejores ideas: en conversaciones no programadas, en conexiones improbables que acaban teniendo todo el sentido.

Entre el vértigo de la agenda y la pausa estratégica: un ecosistema que no deja de avanzar

Pero este mes también ha estado atravesado por una sensación compartida: el FOMO del impacto. Ese fear of missing out que aparece cuando sabes que, simultáneamente, se están produciendo conversaciones relevantes en distintas ciudades y que todas parecen imprescindibles. La paradoja de un ecosistema que crece y se diversifica es, precisamente, que ya no es posible estar en todo. Y quizá eso también sea una señal de madurez.

Frente a ese vértigo, mayo nos ha invitado, de alguna manera, a reconciliarnos con el JOMO: la alegría de elegir dónde estar y, sobre todo, dónde no. Porque mientras una parte del sector recorría escenarios visibles, otra parte transcurría en espacios más silenciosos: reuniones de trabajo, desarrollo de líneas estratégicas, construcción de posicionamiento, coordinación con actores clave a nivel nacional e internacional. Ese trabajo menos narrado, pero absolutamente esencial, que permite que el ecosistema avance con coherencia y solidez.

En SpainNAB, este equilibrio entre lo que se ve y lo que no se ve ha sido especialmente palpable. Mayo ha sido un mes de presencia, sí, pero también de profundidad. De conversaciones que no buscan el foco inmediato, sino el impacto sostenido. De decisiones que no siempre generan titulares, pero que son las que, con el tiempo, consolidan la capacidad de influencia y articulación de la Asociación.

Y, con todo, lejos de cerrar nada, mayo abre. Porque la sensación de fin de curso convive aquí con una evidencia: esto no se detiene en verano. Julio llega con citas que no solo mantienen el pulso, sino que lo elevan.

Santander volverá a ser un punto de encuentro con el V Camino hacia la Economía de Impacto, impulsado por el Centro Yunus y la Universidad de Cantabria y al que SpainNAB se suma como entidad promotora. Un espacio que ya es referencia por su capacidad de reunir pensamiento, práctica y comunidad en torno a una economía que pone a las personas y al planeta en el centro. Un lugar donde detenerse, en el mejor de los sentidos y en un espacio cercano e inspirador, para pensar hacia dónde queremos ir.

Y, antes de ese pequeño paréntesis estival que nunca es del todo desconexión, llegará también el evento de cierre: “Rumbo a la cumbre: financiación de impacto en el espacio iberoamericano”. Más que un broche, es una invitación a ampliar la mirada. Porque si algo define este momento es, precisamente, la necesidad de conectar geografías, aprendizajes y capital en una conversación que trasciende fronteras.

Quizá la clave esté ahí: en entender que este aparente “exceso” de actividad no es ruido, sino señal. Señal de que el impacto importa, de que cada vez hay más actores implicados y de que las oportunidades también crecen. Aunque no podamos estar en todos los espacios, formamos parte de un movimiento común.

Así, mayo nos deja con una certeza tranquila: no se trata de llegar a todo, sino de avanzar con sentido, de elegir bien dónde poner la energía, de celebrar lo compartido, abrir la puerta a lo nuevo y cuidar lo estratégico. Y, sobre todo, de seguir construyendo, paso a paso, un ecosistema que ya es imprescindible.