El pasado 27 de mayo de 2026, el Espacio Fundación Telefónica acogió una de las citas imprescindibles para el ecosistema del impacto y la inversión sostenible: la 15ª edición de la Semana ISR, organizada por Spainsif y Fonditel. Bajo un enfoque centrado en la integración de factores ESG en los planes de pensiones de empleo, la jornada dejó un mensaje transversal muy claro: el objetivo del sector no debe ser generar más complejidad, sino aportar más claridad para tomar mejores decisiones.
Durante el evento, que sirvió también para presentar la memoria de sostenibilidad de Fonditel y que fue clausurado por el Secretario de Estado de la Seguridad Social y Pensiones, Borja Suárez, asistimos a un debate profundo sobre la necesidad de establecer estructuras de gobierno claras, coherentes y operativas.

La visión del regulador: magnitudes y prioridades de la DGSFP
Una de las intervenciones más esperadas fue la de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP). Su Subdirectora General, María Francisca Gómez, radiografió un sector que ya gestiona más de 138.000 millones de euros en nuestro país. Con este enorme volumen de ahorro en juego, la hoja de ruta supervisora para el periodo 2026-2028 tiene un mandato innegociable: la transición hacia una economía más sostenible.
El mensaje fue contundente: la integración de los criterios de sostenibilidad en los planes de pensiones (muy especialmente en los fondos de empleo de promoción pública y simplificados) ya no es una opción estética, sino un pilar fundamental de la gobernanza y la gestión de riesgos.
La DGSFP está vigilando de cerca cómo las entidades incluyen los riesgos climáticos (físicos y de transición) en sus esquemas de toma de decisiones y en sus políticas de remuneración. Además, el supervisor pondrá un foco estricto en evitar cualquier atisbo de greenwashing, exigiendo una coherencia total entre la documentación comercial de los productos calificados como sostenibles y sus prácticas reales de inversión.
Es precisamente en este escenario de mayor exigencia regulatoria donde surgen las grandes herramientas para la inversión de impacto. Si los planes de pensiones de empleo deben canalizar el ahorro hacia objetivos sostenibles reales y demostrables, ¿cómo lo hacemos de forma eficiente para la industria?
Aquí es donde el debate conecta de lleno con iniciativas como nuestro estudio de viabilidad de los fondos 90/10 que estamos impulsando desde SpainNAB, junto a FAIR, el BEI, la Comisión Europea, Deloitte Luxemburgo y DLA piper. Replicar en España este exitoso modelo francés (que destina entre un 5% y un 10% del patrimonio del fondo a empresas solidarias o de alto impacto social y medioambiental) podría ser el «ancla» perfecta para facilitar a las gestoras el cumplimiento normativo que exige la DGSFP.
No solo dotaría a los fondos de pensiones de un instrumento estandarizado, transparente y medible para cumplir con sus obligaciones de sostenibilidad, sino que permitiría canalizar de forma masiva el ahorro de los trabajadores hacia la economía de impacto real.
Voto e implicación: el papel activo de los planes de empleo
El activismo accionarial y la gobernanza tuvieron voz propia de la mano de Mario E. Sánchez Richter, de la Secretaría de Políticas Públicas y Protección Social de CCOO. Su ponencia sobre sostenibilidad y voto evidenció cómo los planes de empleo están reclamando un papel más activo en las decisiones de las empresas en las que invierten.
Sánchez Richter abordó mecanismos como el Proxy Voting Choice, mencionando cómo grandes gestoras como BlackRock han abierto desde 2022 la posibilidad de que los inversores ejerzan el voto en la parte proporcional de su fondo.
- Este programa ya abarca 7,6 billones de dólares en activos de renta variable indexada.
- Los partícipes pueden aplicar su propia política interna de voto.
- También existe la alternativa de apoyarse en las políticas de proxy advisors externos como ISS, Glass Lewis o Egan Jones.

El binomio salud y sostenibilidad: impacto social y resiliencia
El impacto social directo fue protagonizado por la presentación de Candriam sobre la innovación en el sector salud. La gestora demostró cómo este sector no solo es defensivo a nivel financiero (protegiendo carteras durante grandes caídas del mercado), sino que es el pilar fundamental del estado del bienestar.
Las cifras expuestas sobre el Sistema Nacional de Salud (SNS) en España dimensionan este impacto:
- Se realizan unas 80.000 cirugías cada hora en hospitales públicos, sumando 3,7 millones al año.
- La atención primaria atiende unas 27.500 consultas médicas cada hora, superando los 241 millones anuales.
- El sistema cuenta con 786.747 profesionales sanitarios trabajando en el SNS, una cifra que equivale a casi toda la población de la ciudad de Valencia.
A nivel de inversión, Candriam apuntó que la clave del éxito radica en invertir en la fase clínica adecuada para optimizar el binomio rentabilidad/riesgo. Identificar el punto dulce entre la Fase II y la Fase III permite entrar cuando las primeras señales de eficacia reducen el riesgo de fracaso, antes de que las valoraciones bursátiles se disparen con la confirmación de la eficacia total.

Inteligencia Artificial: ¿riesgo ESG o motor de progreso sostenible?
Otra de las megatendencias que acaparó el debate fue la Inteligencia Artificial y sus externalidades físicas, una ponencia liderada por Tania Salvat, Responsable de Ventas del Negocio Institucional de BlackRock. La premisa fue clara: la IA es una fuerza transformadora, pero su impacto positivo está totalmente condicionado a un desarrollo responsable.
Salvat desglosó la hoja de ruta de la IA en tres grandes fases (despliegue de infraestructura, adopción tecnológica y transformación estructural), destacando cómo cada una sumará puntos al crecimiento del PIB. Sin embargo, el verdadero foco para los inversores de impacto y los planes de pensiones está en los recursos que consume esta revolución:
- El dilema energético: Los «hiperescaladores» y los promotores de centros de datos están disparando la demanda de energía. Como respuesta, estamos viendo alianzas sin precedentes con operadores de energía nuclear en EE. UU. (con gigantes como Amazon o Microsoft invirtiendo en reactores y proyectos de fisión) para garantizar un suministro constante y libre de emisiones.
- El estrés hídrico: Se desmitificó la idea del consumo absoluto de agua. Los centros de datos consumen agua, pero en menor medida que sectores como la minería o la ganadería. El dato clave aquí no es cuánta agua se consume, sino dónde se construye la infraestructura; el impacto real lo determina el nivel de estrés hídrico de la región geográfica elegida.
Pero más allá del riesgo, la IA se posiciona como una oportunidad histórica para la sostenibilidad. En teoría, esta tecnología tiene el potencial de acelerar soluciones climáticas a través de tres vías:
- Mitigación: Optimizando el consumo a través de redes inteligentes e investigando nuevos materiales para la reducción de carbono.
- Adaptación: Mejorando la monitorización climática, planificando la resiliencia urbana o desarrollando cultivos adaptados a condiciones extremas.
- Gobernanza y mercado: Perfeccionando los informes de sostenibilidad, la trazabilidad de las cadenas de suministro y la fijación de precios en el mercado de eventos sobre el clima.
En definitiva, IA, energía y sostenibilidad están abocadas a converger. Si la tecnología se pone al servicio del progreso de manera inclusiva, dejará de verse únicamente como un factor de riesgo para convertirse en el gran aliado de la inversión ESG.
En conclusión, la 15ª Semana ISR nos deja una fotografía de un sector institucional maduro, donde el rigor supervisor de entidades como la DGSFP, la exigencia de implicación a través del voto y la búsqueda de megatendencias de impacto real (como la salud o la IA tecnológica) marcan el camino a seguir para los próximos años. Desde SpainNAB seguiremos de cerca cómo estos avances normativos y estratégicos permean en el desarrollo del capital de impacto en nuestro país.



