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Marzo: cerrar brechas para avanzar en impacto

Editorial marzo 2026

Cada mes de marzo, en torno al Día Internacional de la Mujer, el debate público vuelve a situar en primer plano una realidad persistente: las brechas de género siguen marcando el acceso a oportunidades, recursos y poder económico.

La brecha salarial sigue siendo una de las más visibles: a escala global, las mujeres continúan ganando de media alrededor de un 20 % menos que los hombres. También el acceso a los puestos directivos, habiendo caído diez puntos en tres años las mujeres consejeras delegadas en España (representan un 18,5%). Pero las diferencias no se limitan al mercado laboral. También se reflejan en el acceso a la tecnología, a la financiación y a la inversión.

Por otro lado, encontramos la brecha digital: millones de mujeres en el mundo siguen teniendo menos acceso a internet, menos formación tecnológica y menor presencia en los sectores más vinculados a la innovación. Y no por decisiones propias, si no por el entorno en el que viven y trabajan. En una economía cada vez más digitalizada, esta distancia no solo limita oportunidades individuales, sino que también condiciona la capacidad de muchas mujeres para emprender, acceder a financiación o participar en nuevos sectores económicos.

Algo similar ocurre en el ámbito financiero. Aunque la participación de las mujeres en el sistema financiero ha crecido en las últimas décadas, todavía existen diferencias significativas en el acceso a productos financieros, al crédito o a la inversión. Incluso en economías avanzadas, las mujeres siguen estando infrarrepresentadas tanto entre quienes toman decisiones de inversión como entre quienes reciben financiación para sus proyectos empresariales. Según el Global Findex del Banco Mundial, el 74 % de las mujeres tiene acceso a una cuenta financiera frente al 78 % de los hombres a nivel global. Aunque la diferencia se ha reducido en los últimos años, todavía millones de mujeres siguen excluidas del sistema financiero formal.

Estas brechas rara vez aparecen solas. Se cruzan con otras desigualdades que amplifican sus efectos. La ruralidad sigue marcando diferencias importantes en el acceso a empleo de calidad, conectividad digital o servicios financieros. Del mismo modo, el origen socioeconómico continúa condicionando las oportunidades de educación, emprendimiento y participación económica.

Inversión de impacto para cerrar brechas

En este contexto, el ecosistema de inversión de impacto tiene un papel cada vez más relevante.

A medida que más mujeres acceden al mundo de la inversión, también crece el interés por alinear las decisiones financieras con valores sociales y ambientales. El informe Sustainable Signals 2025 de Morgan Stanley, por ejemplo, señala que las mujeres inversoras muestran una mayor propensión a considerar el impacto social y ambiental de sus inversiones. Esta tendencia refuerza la idea de que la asignación de capital puede ser una herramienta poderosa para impulsar cambios positivos.

La inversión con perspectiva de género o gender lens investing busca precisamente canalizar capital hacia soluciones que reduzcan desigualdades y amplíen oportunidades. Esto incluye desde el apoyo a empresas lideradas por mujeres hasta la financiación de modelos de negocio que promuevan la inclusión financiera, la digitalización o el emprendimiento en territorios con menos acceso a recursos.

En un contexto global marcado por la incertidumbre económica, las tensiones geopolíticas y los desafíos sociales, avanzar en igualdad no puede considerarse una agenda secundaria. Al contrario: reforzar el compromiso con los Derechos Humanos y con economías más inclusivas es una condición para la estabilidad y la prosperidad a largo plazo.

Cerrar brechas, todas las brechas (de género, digitales, financieras o territoriales), significa ampliar oportunidades, fortalecer comunidades y construir sistemas económicos capaces de generar valor para todas las personas.

Desde SpainNAB reivindicamos este 8 de marzo como una oportunidad para recordar que el progreso hacia la igualdad requiere un compromiso constante y que, en tiempos de incertidumbre, el avance en derechos y en impacto positivo no puede permitirse retrocesos.

(Imagen creada con IA)